Semblanza de su vida Tomada del Libro “El Buscavidas”, de Salvador Maciel Espinoza

Zihuatanejo, Guerrero, puerto tropical donde se inhala el aroma que dispersa la brisa marina, nació José Manuel Maciel Espinoza y creció entre el dolor y la alegría. Fue el quinto hijo de un matrimonio aposentado en raíces campesinas, desde niño dio muestra fecunda al trabajo y amor a su tierra, en el vaivén de la hamaca ingería a sorbos el agua de coco para desterrar las asperezas y anidar en su mente la imaginación, reafirmando los sentimientos al experimentar gustosidad por las montañas que circundan la planicie de la villa de pescadores y campesinos.

Elevando a rango de paraíso su tierra natal

Pero en ocasiones este calificativo solo quedaba en entredicho, la proliferación de pobladores esconde en sus entrañas episodios de terror y cobardía.

Un día José Manuel, desesperado por su paupérrima situación decidió vender exquisitos pasteles de crema que deleitaban el paladar de las personas, al rayar el alba acudía con los bocadillos a la playa principal del pequeño caserío, ahí; un grupo de escolapios que dirigían sus pasos al plantel educativo y con la avidez en probar las cremas, se acercaron al optimista vendedor, a corta distancia el papá de uno chiquillos estaba varando su embarcación y le grita “¡hey! José Manuel, puedes dar los bocadillos que apetezcan a mis hijos, ahorita que termine de vender el pescado te pago”, casi no termino de hablar, cuando se escucharon varias detonaciones de arma de fuego, el hombre en un instante perdió la vida, José Manuel, “vendedor de cremas”  boto el recipiente con todo y postres y lleno de pavor corrió a refugiarse al lado de su madre y de sus hermanos, ese inesperado suceso marco su despedida como vendedor de cremas.

José Manuel, fue  un niño que sabía del dolor propio y ajeno, por eso no se doblegaba, desde temprana edad aprendió a orar con fe, así superaba los estragos. La mar se convierte en fuente de superación, veía como yerguen las olas marinas sin mostrar cansancio, sin hacer un alto, susurrando que ejemplo tan virtuoso para el humano si todos pudiésemos mirar el mar y recapacitar acerca de su grandeza, entonces seriamos una verdadera civilización.

Su cálida visión le permitió acoplarse a los ásperos caminos para poder sobrevivir y con su dinamismo sincero se desempeñó como limpiador de calzado, lavador de autos, vendedor de periódicos y panadero, al terminar la jornada meditaba respecto a lo significativo que es aprovechar el tiempo sin desviar las sanas pretensiones.

“Los secretos nocturnos le infundieron ánimo para transitar el rumbo triunfal.”

Así, una mañana al recibir el consejo y la bendición paternal, tuvo a bien abordar una pequeña aeronave para surcar el espacio y llegar al internado de ciudad Altamirano, Gro., con el firme propósito de aprender a  leer y a escribir, en pleno vuelo pudo admirar a través de las ventanillas, conjuntos de nubes formando figuras, tanto se emocionó, que entrecerró los ojos imaginándose un sinfín de pañuelos blancos augurándole bienaventuranza.

José Manuel, creció hasta convertirse en adulto, sin haber logrado hacer una carrera profesional, contrajo matrimonio con la señorita Armida Abarca Maciel, de Petatlán Guerrero, del matrimonio nacieron tres hijos José Manuel (Mateo), Octavio y Raúl, a partir de ese momento puso en práctica la enseñanza, que le dio la universidad de la vida, al lado de su esposa e hijos,  aumento el gozo por la existencia e hizo suyas las recomendaciones paternales, realizando todas las actividades durante el día, destinando la noche a la reflexión y al descanso. De esa forma, en cada amanecer, estaba apto para enfrentarse a las encomiendas trazadas con habilidad y buen humor.

El resultado fue notorio, alcanzo la prosperidad empresarial y política, se desempeñó como Presidente de la Asociación Ganadera, fue tesorero del ayuntamiento Municipal del año 1993 a 1996,y continuo cosechando el respeto y admiración del pueblo de Petatlan, ese privilegio lo llevo a la sindicatura Municipal.  Al evaluar su pasado comprendió el significado perseverante y empezó a vivir dentro de un proceso lleno de oportunidades, eso le motivo grandemente diciendo para sus adentros. “Hoy podré ayudar a muchos jóvenes que truncan sus estudios por la falta de recursos para salir a otros lugares a prepararse”. A estudiar una carrera profesional.

Con su vocación humanitaria considero prudente hacer de su vida un buen hombre, involucrándose en la red de amigos del jefe político de la nación (Ernesto Zedillo Ponce de León, y mediante esas conexiones gestiono la creación de la Universidad Tecnológica de la Costa Grande en el suelo  provinciano de Petatlan, lugar  que le brindo abrigo, hecho esto no menguo en sus propósitos hasta lograr ver levantado el flamante edificio. Y se presenció un hecho extraordinario que alienta y enriquece la fuente de la sabiduría. Al consagrarse el incesante sueño de José Manuel Maciel Espinoza, afloro una algarabía popular en distintos rumbos del territorio.

La voluntad y tino de erigir una universidad alentó el desarrollo intelectual y cultural en la región, contagiando a la juventud de un mundo indudablemente progresista. En reconocimiento a su labor altruista fue nombrado presidente del patronato universitario, logrando finalmente arrancar del dolor, la alegría que conforta y hace libre a los seres humanos.

Satisfecho de haber podido sacar a flote sus proyectos, porque estos siempre fueron justos, agradables y de buena reputación, dedicando más tiempo a su esposa, hijos y nietos.

…Y así, quiso volver los años de su vida a otros tiempos, para llenarlos de gratos recuerdos, con sus sueños de colores y sentimientos nobles, José Manuel Maciel Espinoza, dejo de existír en la madrugada de este martes 25 de Septiembre del 2018. Descanse en paz.

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